Vergüenza

-¿Y no va a hacer nada?

-¿Qué se supone que debo hacer?- respondió con solvencia el capitán.

-¡No podemos tolerar esa clase de comportamientos!- replicó con energía el teniente, de pie frente a la mesa de su superior.

-Olvídelo, señor Adams.

-¿Y qué pasa con esas mujeres?

-Esas mujeres no son asunto nuestro. No somos la Cruz Roja.

-¡Pero han sido violadas por nuestros hombres!

-Le digo que se olvide de ello. No podemos entretenernos en ese tipo de cosas. Ocurren y ya está- concluyó el capitán Mcphee, mirando fijamente al teniente Adams.

-Si usted no va a hacer nada…- dijo el teniente tragando saliva- Entonces tendré que recurrir al mayor Johnson.

-¿Qué se cree que es esto?- exclamó el capitán perdiendo momentáneamente la paciencia -¿Piensa que puede pasar por encima de mí y hablar con quien le parezca?

-Señor, con todos mis respetos…

-¿Y quién se cree que es usted? ¿Un congresista?- le espetó el capitán con sorna sin dejarlo terminar –Esto es el Ejército, y aquí tenemos unas obligaciones que cumplir, y una jerarquía que respetar.

-¡Han violado a tres mujeres, señor!

-¡No está en el colegio y no puede ir a llorarle a su madre! ¿Sabe lo que le quiero decir?- añadió el capitán ignorando sus protestas una vez más.

-Sí señor, pero nuestro deber es…

-¡Es usted un soldado, maldita sea!- exclamó el capitán levantándose de la silla y golpeando la mesa con ambas manos -¡Y su deber no es cuestionar la orden de un superior y hacer lo que se le dice! ¡Olvídese del tema!

-¡Una de ellas tenía sólo catorce años!

-¿Sabe usted cuántas mujeres han violado los rusos en esta maldita ciudad?

-No señor, yo sólo…

-¿Sabe cuántas violaron desde que entraron en Alemania?

-Lo entiendo capitán, pero…- Adams titubeó –Pero pienso que no podemos consentir que los nuestros hagan lo mismo. Somos diferentes, y si queremos que la población…

-¿Lo ve? Usted lo ha dicho: “Somos diferentes”. ¿Sabe lo que eso significa? ¡Le diré lo que significa! Significa que si queremos distinguirnos de ellos, hechos como estos nunca deben salir a la luz.

-¿Insinúa que deben quedar impunes?

-Insinúo lo que acabo de decirle.

-¡Pero eso va en contra de los principios por los que entramos en esta guerra!

-¡Qué sabrá usted de eso! ¡Hágase senador o congresista si lo que quiere es defender la justicia y la libertad!- respondió el capitán haciendo menospreciando sus palabras –Pero mientras tanto es usted soldado, y mientras siga bajo mi mando va a hacer usted lo que le estoy diciendo, así que olvídese de ello. Y ahora si me disculpa…

-No voy a ser cómplice de la violación de una niña y dos mujeres.- añadió el teniente sin darle tiempo a sentarse.

El capitán clavó sus ojos en él por última vez antes de volver con el papeleo.

-Por favor, teniente Adams, salga de mi despacho- ordenó con frialdad.

Las miradas del teniente Adams y del capitán Johnson se encontraron por última vez, y entre ellas se produjo un breve pero intenso fuego cruzado.

El capitán bajó la vista hacia sus papeles y el teniente, tras unos segundos, se dio la vuelta y giró el picaporte.

Salió de allí serio, abatido, avergonzado.




2 comentarios:

  1. La historia la escriben los vencedores...

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    1. Tambien los buenos investigadores tienen la historia de los vencidos
      Consulten a:
      Joaquín Bouchaca : LA HISTÓRIA DE LOS VENCIDOS

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